divendres, 21 de març de 2014

EL VIATGE DE JULI SERRA A LES GUILLERIES (i 2): EL MAS SERRALLONGA


El conegut gravat del Mas Serrallonga publicat en el llibre de Juli Serra. 
Els militars expedicionaris durant un descans del seu viatge.

"Un viatge per les Guilleries i el Montseny" de Josep Tarrés i Emili Rams.

El llibre de 2002 que permet rellegir el viatge pioner de Juli Serra.
El recorregut de l’expedició narrat per Juli Serra els havia de portar per força fins a Querós i el Mas Serrallonga. I allí estava ben viu , de nou, el record del bandoler, ni que fos de la imatge llegendària creat per Víctor Balaguer:

 "Un mes pasamos entre Osor y sus alrededores. De allí hubimos de trasladarnos a Carós, capitalidad de las Guillerías, célebre en la historia de Cataluña por el señorío de Carós ó de Caroz, perteneciente á la familia de los Serrallongas, de la que nació aquel esforzado D. Juan de Serrallonga, tenido por unos por bandido y por otros como acérrimo defensor de las libertades patrias en la tremenda lucha de los Narros y Cadells, partidarios los primeros de los fueros dle país, sostenedores los segundos, de la negra política del conde duque de Olivares".

Destaca la descripció d’isolament del lloc, com també la influència del personatge escrit per Víctor Balaguer a qui fa referència Juli Serra quan parla del mas com a antiga mansió senyorial de la família Serrallonga.

Finalment, resseguint les múltiples llegendes sobre les coves i amagatalls del bandoler, entre llegendàries i reals, Juli Serra va accedir a una d’elles.

“En posición elevada y cabalgando sobre una de las crestas más aguda,s divísase á lo lejos una casa, la que fué mansión señorial de los Serrallongas, la conocida hoy con el nombre de C’ en Serrallonga, quizás aquella en la que Balaguer supone acaecida la prisión de don Juan cuando visitaba el sepulcro de su padre.

Ningún vestigio indica en la actualidad que en época remota fuese teatro de dramáticas escenas; cuando pasé después por ella, un anciano se hallaba sentado junto á la puerta y varias palomas se arrullaban en el hueco de una de las ventanas. Calma impotente, patriarcal conjunto. Sólo la tradición y el nombre conmemoran aquellos restos, dándoles el sello de autenticidad que les atribuyen los payeses comarcanos, entre los cuales circulan aún estupendos hechos de D. Juan de Serrallonga, el Fadrí de Sau y sus secuaces, que narran con el candor de las cosas que de puro oídas se tienen por seguras.

Las leyendas que cuentan hablan también de las cuevas en que aquellos solían ocultarse, escondrijos donde hallaban albergue, en el corazón de la montaña cuyos rincones conocían por harto recorridos.

Más de una nos indicaron, pero la que está próxima á la casa señorial era, al decir de los aldeanos, la que servía de seguro asilo al bandido legendario, por hallarse situada en lo más abrupto de la sierra, y ser accesible por pasos sólo de él y de los suyos conocidos. Difícil el bajar hasta ella, es hoy inútil molestia pues está cegada su boca por completo, pero aseguran algunos que lejos, muy lejos, al otro lado del macizo se halla distinta entrada que comunica con la primera por pasadizos labrados por las aguas en las entrañas de la tierra”.

L’obra de Juli Serra, a banda de permetre’ns aconseguir una descripció escrita de les Guilleries i dels entorns i llegendes del bandoler, va permetre disposar de la primera imatge coneguda del mas Serrallonga, el gravat que demostra encara dempeus el mas, amb un avi davant la porta adovellada. Una imatge que ens remet a quan el mas encara era ple de vida, encara que fos en aquella immensitat isolada i tranquil·la de les muntanyes. Una imatge que malauradament ja és irrepetible.